Almas mediocres

No me gusta escribir sobre cosas que están de moda. Les diría que es porque hay que darles tiempo, pero en realidad evito hacerlo porque me parece que es lo que hace todo el mundo. Por ser diferente, así de básico (empezamos honestos el año, que bueno).

Voy a hacer una excepción con Soul, la nueva película de Disney, que nos llevó a muchos a suscribirnos a Disney Plus (¿qué tal esa estrategia de mercadeo? Genios). Y hago la excepción porque Soul, como los que ya se la vieron sabrán, está basada en 13%.

Y no solo por los temas que trata (vocación, pasión, propósito); también se copiaron de conceptos que ya habíamos tratado años atrás en 13%! Obviamente estoy molestando.

Para no caer mucho en la moda y las tendencias, voy a contrarrestarlo con algo más antiguo. Con Theodore Roosevelt, obvio. ¿Si ven el vínculo? Tranquilos… ya vamos para allá.

De mi rápido rastreo en redes sociales y de mi tendencia peligrosa de sacar generalizaciones apresuradas, concluyo lo siguiente: a la gente le encantó Soul. Y no es sorpresa: es una película que dice lo que la gente quiere escuchar. Que todo está bien y no tienes que tener nada claro en la vida. Que todos los caminos son distintos (en esto estoy de acuerdo). Que no es tan importante lo que hagas con tu vida que apreciarla. Que no te angusties por el futuro porque el presente ya está ocurriendo. En fin, muchos mensajes,unos con los que estoy de acuerdo, otros no tanto. No voy a discutirlos. Me interesa más hablar de la sensación final que deja la película: una de autocomplaciencia, de amor propio, y aceptación.

Al final, parece ser, lo importante es entender que todos somos distintos y no todos tenemos que hacer algo valioso con nuestras vidas porque la vida en sí es valiosa. No me gusta esa idea. Me parece populista. Una palmadita en la espalda para decirle a la gente: vive el presente y ten una vida ordinaria.

Y ojo, no es que yo crea que la gente no debería aspirar a una vida ordinaria. Me parece muy bien. Que cada quien decida. Eso sí: este discurso del amor propio y la aceptación me parece que es un camuflado muy berraco para la mediocridad. No importa que no sepas que quieres hacer con tu vida, porque lo importante es que puedas apreciar las hojas caer de los árboles. La vida no es para lograr cosas; es para vivirla. Meh.

Yo sí creo que es difícil encontrar lo qué uno quiere hacer en la vida. Pero eso no es una excusa para dejar de intentarlo. Ni para dejar de construir. De aportar. Sí, la vida es muy bonita y ver flores caer de los árboles tiene su belleza… pero, ¿no estarían podridas todas las bancas y sucias las calles si nos volvemos todos espectadores del cambio de las estaciones?

Yo sí creo que la persona que tiene angustia porque no sabe qué hacer con su vida estaría mejor librada si se dedica a probar, a construir, a equivocarse, a explorar con vocación de mejorar, en vez de a darse palmaditas en la espalda y resignarse a una vida ordinaria porque una película de Disney le dijo que amor propio es sentarse en una banca a podrirse sin hacer nada.

“Todos debemos oxidarnos o desgastarnos. Yo escogí desgastarme” dijo alguna vez Theodore Roosevelt, que fue tal vez la persona que más exigió de sí mismo, mientras tuvo la oportunidad. Uno de mis propósitos de este año es estar más cansado antes de acostarme, desgastarme un poquito más.

Si de algo me he convencido recientemente es que tenemos un potencial enorme que no siempre desatamos porque estamos convencidos de que el momento presente es lo único que importa. Tenemos un país/una región/una comunidad/una ciudad por sacar adelante, no estamos para sentarnos en el parque a ver florecitas caer.

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