De remontadas

Percibo una fe desmedida en los hábitos. Creo que la comparto.

Pero hay otra cosa en lo que creo que nos convendría apoyar también nuestra fe: las remontadas.

Y es que puede que uno tuviera una rutina de hábitos maravillosos. Pero también pudo ser que el aparente fin del mundo nos haya obligado a descuidar la rutina -y caer la indulgencia- para sobrevivir.

Años de esfuerzo y de constancia perdidos. Para el purista de los hábitos todo está perdido. Para el remontador, en cambio, se trata apenas del pan de cada día. Otra remontada más.

Pero las remontadas no son como las de fútbol, que son épicas. Estas remontadas -las de la vida real- son silenciosas y progresivas. No suceden en el minuto 93, a segundos del pitazo final. Suceden a partir del minuto en el que uno decide que ya fue suficiente la indulgencia y la supervivencia, y lo que corresponde es otra cosa.

Aquí voy por mi remontada número doce mil. Y aunque ya dije que son silenciosas, tenía ganas de hacerle algo de bulla en este blog que tan abandonado tenía y cuya hora acaba de (volver a) llegar.

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