Fuerzas opuestas

Me lo pregunto a menudo: ¿las cosas deberían fluir o deberían ser producto del esfuerzo?

A veces las publicaciones que más resuenan son las que escribo rápido, sin demasiado pensar y sin mucho revisar. Las que diseño intencionalmente -y pienso: esto va a pegar con este tipo de personas- suelen pasar desapercibidas (o, al menos, menos percibidas que las otras).

Al mismo tiempo un texto bien escrito, pulido durante semanas, es un motivo de orgullo y -aunque no sea evidente en el momento de la publicación- me sirve para avanzar mucho más (en el oficio o craft) que un texto espontaneo. Esos, además, son una dicha para el lector, que sabe reconocerlo. “Escritura dura, lectura fácil. Escritura fácil, lectura dura”, dijo alguien.

¿Al fin qué? ¿Lo que salga con facilidad o lo que se refine con esfuerzo?

Tal vez uno podría llegar a la conclusión que en lo que se debe ser espontaneo es en las ideas y en lo que se debe ser riguroso es en el producto. Pero no sé. No me termina de convencer.

Hay quienes dicen que la idea del esfuerzo y del sacrificio es una aprendida de la moral cristiana. Y que más que una idea que tenga verdadera justificación, se trata de una que permea la cultura y por lo tanto nos resulta tan persuasiva.

Encuentra uno muchos ejemplos que justifican el escepticismo del esfuerzo. Esta ese aforismo de Naval que -por lo menos en mi experiencia- resulta tan cierto: “Dedícate a lo que para ti se sienta como juego y a los otros les resulte trabajoso”. O basta pensar en los ‘creadores de contenido’ que publican con la intención de volverse virales y son un fracaso. Y luego publican algo sin mucho pensarlo y pum: virales.

Pero si todo es fluir y todo es intuición, ¿qué hay de la agencia humana? Es decir de la capacidad de transformar las pequeñas realidades con nuestro trabajo. Imposible negar que existe. Ahí también lo que hay es un arsenal de evidencia para respaldarla: las catedrales que se construyen durante varios siglos, las empresas que generan rendimientos a pesar de las crisis, los Estados que implementan políticas exitosas, las ciudades que se proyectan a futuro. Queda difícil sostener que los esfuerzos intergeneracionales como las catedrales, los manejos de crisis y la planeación de ciudades son obra y gracia de la magia de la espontaneidad.

Qué cosa confusa, la de la tensión entre intuición e intencionalidad. Y porfa no vengan a decirme que ‘hay que encontrar un punto medio’, que esa respuesta es bien espontanea y ya me tiene bien cansado.

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