¿Vale la pena guardarse el conocimiento?

Esa no es precisamente la pregunta que se hacen la mayoría de personas que comparten su conocimiento en Internet (creadores de contenido/pedagogos digitales/filósofos de la virtualidad o como los quieran llamar).

Muchos, especialmente los que quieren vivir de hacerlo, se preguntan en cambio: ¿qué tanto conocimiento doy gratis y cuánto reservo para monetizar?

Entonces surgen los casos extremos de aquellos que pareciera que no solo quieren crear escasez sino también frustración en sus audiencias. “Las cinco claves para _____” y solo dan dos. Para acceder a las restantes tres (ya lo podrán anticipar) hay que pagar el precio.

¿Buena estrategia? A primera vista no parece. Sin duda no parece ser una orientada a aportar genuinamente, sino una que refleja afán por ganar dinero.

Y por supuesto que eso no hay que condenarlo. Lo verdaderamente condenable es creer que uno tiene derecho a todo este conocimiento especializado y que no importa si el creador está pasando hambre en su esfuerzo por compartirlo.

En últimas, a todos los que nos interesa crear conocimiento y distribuirlo por medios digitales nos debatimos constantemente en medio de un hilo tensionado por dos polos. De un lado está el interés por hacer accesible el conocimiento a cualquiera. Del otro está el interés (a veces necesidad) de recibir una retribución monetaria.

No es sorpresa que muchos opten por guardarse gran parte de lo que saben. Allí, creen, encontrarán el santo grial de la monetización. Lo que amerita volver a la pregunta inicial: ¿vale la pena esa estrategia?

Creo que no. Creo que es mejor estrategia ser generoso con el conocimiento. “Pero si la escasez genera demanda” responderán algunos. Es cierto, pero también es cierto que esa máxima -tan acertada en el siglo XX- probablemente esté perdiendo poder debido a la abundancia que permiten los medios digitales.

Lo que vale la pena, en realidad, es someter a prueba ese tipo de suposiciones. Pasarse al bando de la generosidad y compartir lo que se sabe sin privaciones ni cálculos de posibles retornos a la inversión.

¿Saben cuál hemos descubierto es el mejor retorno posible? La confianza. Y a la confianza no se llega con escasez. Y la buena noticia es que la confianza, eventualmente, es monetizable. Y la otra buena noticia es que en el proceso de ser generoso uno se ahorra tanta táctica barata y maña (a veces engañosa) para persuadir a alguien de comprar su producto. Y no solo ahorra, también abre la posibilidad de impactar a muchos en el camino.

¿Y saben qué florece cuando uno impacta positivamente a alguien?

Confianza.


Idea que provocó la reflexión:

Cuando estaba en el bachillerato, en una clase de Inglés compartí algo con el grupo de discusión en el que estaba. Luego me enteré que otras personas habían usado lo que yo había dicho en sus ensayos o en sus presentaciones y habían obtenido crédito por ello.

Le comenté esto a la profesora: “los otros están usando mis ideas”. Ella me miro y me dijo, “Ryan, ese es tu trabajo”.

Me alegra que ella haya dicho eso y que yo lo haya escuchado cuando tenía 16 años.

Ryan Holiday, 33 Things I Stole From People Smarter Than Me on the Way to 33

Otros artículos

Dejen su correo abajo para recibir los artículos en sus bandejas de entrada.

Me pueden escribir por Linkedin o a [email protected] con sus comentarios/reacciones.

Evitar perderse nuevos artículos. Es tan fácil como unirse.