La dulce condena del creador

Es que le va tan bien que se abruma de todo lo que puede hacer.

Dulce porque comparado con la sensación de estar atascado en la vida todo es dulce.

Condena porque la comprensión de que no se puede hacerlo todo es amarga. Unos lo entienden rápido, otros le invierten un buen tiempo a la prueba y error hasta entenderlo.

Y aunque hoy en día se habla más del tema de “enfocarse” en una sola cosa, el asunto sigue siendo debatible. En últimas lo que nos trajo hasta acá fue decirle “sí” a muchas cosas, ¿o no?

Lo que hiciste para llegar hasta aquí no te llevará hacia allá. Así se llama el libro de Marshall Godsmith. No lo he leído, pero la idea es provocadora: la etapa inicial del éxito requería ciertas habilidades y en general una actitud de decir que sí, mientras que la etapa de consolidarse requiere decir no y enfocarse.

Pero no creo que se trate de algo que se limite al “éxito”. Me parece que se trata un asunto de calidad. Lo he sentido: cuando uno está esparcido -como muy poca mantequilla en demasiado pan, decía Bilbo en El Señor de los Anillos- parece que está logrando mucho pero uno sabe, en lo más profundo, que no está creando buen arte.

Es una dulce condena. La maravilla de saber que uno puede crear muchas cosas, la angustia existencial de morirse antes de lograrlo, y la renuncia necesaria de quedarse con poco -de comprar una tajada de pan en vez del baguette entero- para poder hacer algo con calidad.


Idea que provocó la reflexión:

Los emprendedores exitosos tienen un demonio del que se tienen que liberar. Para mí, era hacer tanto como podía. Siempre me preocupaba, ¿me estoy perdiendo de una oportunidad aquí?, ¿Estoy dejando dinero sobre la mesa?

Jay Goltz, Citado por Bo Burlingham en Small Giants

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