Marketing: ¿de los mismos creadores del dinero fácil?

Pareciera ser así. Basta con ver a los que alquilan yates para tomarse fotos como si fueran los dueños y subirlas a Instagram. En alguna parte leí que, de hecho, hay jets privados ofrecen ese servicio: se sube uno al jet parqueado y mira soñador por la ventana mientras le hacen el photo-shoot. Qué maravilla.

Ese, obviamente, es el extremo de presentar una falsedad como realidad. Pero entre ese y el otro extremo -el de un producto/servicio de verdad que aporte- hay muchos ejemplos de personas y marcas que echan mano de mañas y tácticas (sino engañosas, por lo menos desleales) para vender algo que no sirve/no aporta.

Y no hay que escarbar mucho para encontrarlos. Basta con intentar ver un video en youtube y 3 de 5 veces va a aparecer el infomercial del tipo con el carro lujoso detrás vendiendo su curso de cómo ser exitoso. ¡Qué tal esa manera de volverse exitoso! Éxito a punta de vender éxito. Violento juego de palabras.

Personajes así nos han llevado a una distorsión respecto de lo que significa trabajar. Creemos que trabajar es operar en ese mundo ficticio de las apariencias y rezagado queda el verdadero trabajo: el de crear valor. No el de posar como si estuviéramos mejorando las cosas, sino el de, realmente, mejorar las cosas.

Por supuesto que el marketing es importante. Hay que hacer lo necesario para amplificar el impacto del producto/servicio. Pero tiene que existir algo real de fondo. Aparentar con base en una ficción no resulta en nada. Para nadie. O bueno, eso no es del todo cierto: esas apariencias terminan reclutando a fieles que, vulnerables, creen haber encontrado una salida en el mundo de las apariencias. ¿A qué te dedicas? Al marketing.

No es sorpresa la mala fama que se ha ganado el marketing. Relegada ha quedado la definición de Seth Godin: “Marketing es el acto generoso de ayudar a alguien a resolver un problema“. Lejos de un acto generoso se ha convertido en un acto egoísta de algunas personas y marcas que buscan resolverse a si mismos un problema (o enriquecerse) a costa de los problemas de los otros.

El marketing -o digamoslo mejor, el mal marketing- se ha vuelto una avenida más para los inescrupulosos perseguidores del dinero fácil.

Idea que provocó la reflexión:


– ¿Cómo podemos lograr que la gente hable de nuestro producto?

– “Hagan algo que la gente quiera”.

Paul Graham, citado por Ryan Holiday en Here´s Some Marketing Advice: Your Thing Sucks

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