Nostalgia de futuro

Ese es el problema, ¿no les parece? Esa tendencia de generar un futuro parecido al presente que conocemos, solo que un poquito mejor. ‘Envidearse’ le dicen unos. Otros lo llaman ‘empelicularse’. Es justamente eso: armar una película en cuestión de segundos. Proyectarla en la conciencia e ilusionarse con ella.

Si lo pensamos bien, la mente es tremenda productora de cine. Ella misma hace el casting, dirige las escenas, se asegura de darle la iluminación precisa, escoger la música, y todo lo que haga falta. Hace todo el trabajo y lo hace en cuestión de segundos. ¡No es sorpresa que nos enamoremos de ese futuro fabricado al instante!

A veces el amor que nos produce esa película de nuestra vida es tanto que salimos decidido a hacerla realidad. A perseguir esas escenas gloriosas que ya sabemos como deben verse, solo nos hace falta recrearlas. Como si fuera así de sencillo.

Lo que uno siempre olvida computar en el cálculo, lo que el enamoriamento o empeliculamiento no nos deja percibir, es que la vida -inevitablemente- siempre se atraviesa en el camino. Las ‘empeliculadas’ -que no son otra cosa que planes en formato película mental- nunca tienen en cuenta los imprevistos. Esto es, la vida.

Así le sucede al que decide sentar cabeza. Por su cabeza ya está rondando la escena en la que va junto a su novia-pronta-esposa a comprar muebles para el nuevo hogar. Lo prudente sería desconfiar de la maravilla de escena; computar los imprevistos; introducir en la proyección una escena alternativa: la del rompimiento; la del desamor; la del cambio súbito de planes. Demasiado tarde: ¡ya el personaje se enamoró de su futuro! Deberá ocurrir tal y como lo visualizó. En su mente se le antoja como el único futuro factible: ese tan fácil de proyectar, pero tan difícil de construir.

Las películas sobre el futuro no son todas largometrajes; las hay también sobre nimiedades y banalidades. Como aquella que proyecta la llegada a la casa, tras un largo día de trabajo, y la inmersión gloriosa en una bañera relajante. El personaje, sintiéndose victorioso de haber superado la jornada extenuante, se acerca a la bañera sólo para darse cuenta de que esta está llena de chécheres y cajas de trasteo. ¡Qué nostalgia de futuro! Qué desazón la que genera algo tan predecible como la brecha entre lo imaginado y lo vivido. Que dolor la perdida de lo que nunca se tuvo. Que triste tener que ser testigo de ver como se desangra en tiempo real una ilusión.

La cura parece ser evidente: danzar con la incertidumbre; no aferrarse del futuro mental; fluir con el flujo de la vida. Todo muy claro. Todo muy razonable. Pero a la vez, todo tan difícil.

Idea que provocó la reflexión:


Nostalgia por el futuro es lo mismo que la nostalgia excepto que es sobre cosas que aún no han sucedido. Estamos preparados para que sucedan, pero si algo se atraviesa que cambie nuestro futuro, esas cosas no sucederán y nos sentiremos decepcionados.

Seth Godin, Linchpin

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