Problemacentrismo

No he encontrado un concepto más importante que el de enfocarse en problemas. Podríamos llamarlo problemacentrismo. Se trata del desecho de las ideas como generadoras de proyectos. O, por lo menos, como sus principales generadoras.

El problemacentrismo le llama la atención a ese aspirante de emprendedor que está tirado en el sofá, escuchando música mística para inspirarse y encontrar esa idea de negocio que le cambie la vida. Esa no es la ruta, dice el problemacentrismo y lo confirman la mayoría de emprendedores exitosos. La ruta es enfocarse en problemas por resolver. Esa es la manera de agregar valor en una economía: encontrar qué no está resuelto, qué está mal resuelto, qué problema existe y ni siquiera lo sabemos.

Pero el problemacentrismo no es exclusivo de emprendedores; también es útil para empleados. Y es que aporta mucho más aquel empleado que en vez de aferrarse a las funciones de su cargo se pregunta, ¿cuál es el problema que me pagan por resolver? El empleado que adopta la mentalidad enfocada en problemas no solo se valoriza de manera extravagante; es probable también que libere tiempo de su propia agenda. Que su separación del manual operativo (que era la manera en la que alguien más decidió resolver el problema en cuestión) le permita encontrar una ruta más efectiva. Le permita superar esa obsesión que tenemos por la eficiencia y volcarse hacia lo que de verdad importa, esto es la efectividad.

El nuevo lente convierte al otrora promedio trabajador en una pieza clave de la organización y en el proceso ¿saben que pasa? El trabajador se reconecta con su trabajo. Claro, ya no está cumpliendo una serie de tareas cuyos frutos nunca podrá percibir, ahora está resolviendo problemas. Esa es la gran posibilidad del ser humano: resolver problemas a través del trabajo.

Enfocarse en problemas nos ahorra de ocuparnos en tanta cosa que equivocadamente pareciera ser lo importante: el marketing (mal entendido), la presentación personal, la política interna de la oficina. Como dice Seth Godin, el salvavidas no tiene que gastar mucho tiempo vendiéndole sus servicios a la persona que se está ahogando.

Idea que provocó la reflexión:


El salvavidas no tiene que gastar mucho tiempo haciendole el pitch a la persona que se ahoga. Cuando uno aparece con un chaleco salvavidas, si la persona que se ahoga entiende lo que está en juego, uno no tiene que pagar publicidad para que ellos lo agarren.

Seth Godin, Esto es marketing

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