Restricciones creativas

Cuando uno empieza su primer proyecto suele caer bajo la tentación de todo abarcarlo. De ser omnipresente y hacer todo lo que uno cree que un proyecto necesita.

Entonces uno le abre página al proyecto en instagram. Pero también en Linkedin y también en Facebook (así ya nadie lo revise). Y ahí no para: falta crear una lista de correos y una lista de distribución por whatsapp. Ah, ¿y qué me dicen de los datos? Hay que ponerle cuidado a eso, así la página solo reciba doce visitantes incautos al día. Después de todo, eso es lo que todo el mundo hace.

Elon Musk diría que estamos razonando por analogía -imitando a los demás- en vez de recurrir al razonamiento de primeros principios: reduciendo todo a sus elementos más esenciales (algo así como preguntarse “¿por qué?” cuatro veces seguidas).

Ese instinto de imitación es el mismo que nos hace creer que para tener una empresa lo primero que necesitamos es un logo, o constituirla legalmente, o tener la página web funcionando. Tal vez no necesitas eso, necesitas un cliente, leí en twitter esta semana. Creo que tiene mucha razón.

La misma lógica debería guiarnos en los comienzos del proyecto. Tal vez no necesitamos estar presentes en cuanta red social y canal de distribución exista. Tal vez lo que necesitemos es aprender a dominar una red social mientras ignoramos -despiadamente- el resto.

Restricciones creativas podríamos llamarlas. Entre más me limito más me libero, dice Jorge Drexler. Entre más me limito más avanzo, dice la teoría de las restricciones creativas.

Entonces. Una idea para los que están empezando (y un buen recordatorio para los que ya estamos iniciados): tal vez no conviene todo abarcar.

No conozco a nadie que le atribuya el éxito de su proyecto a que es bueno en SEO, analíticas de datos, redes sociales, y listas de correos. Por el contrario, se trata de gente que se concentró en su oficio (escribir, ilustrar, etc) y lo complementó dominando una de las muchas formas de distribución (instagram, correo, whatsapp).

Es fácil perderse en tanta cosa fancy que hay hoy en día. A mí me pasó. Me pasaba revisando analíticas (sin entenderlas) mientras intentaba mover las mil redes sociales en las que estábamos (demasiadas).

¿Resultado? Pierde tiempo que podría estar dedicándole a refinar su oficio. Y además, lo invierte en una estrategia que prueba no ser efectiva. Su efectividad es la misma que echarle poca mantequilla a demasiado pan. Esfuerzos dispersos con resultados insatisfactorios.

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