Sobre las ficciones de mármol

Le puse a esta categoría ficciones de mármol para representar esas ideas compartidas que tienen tanta fuerza -y validación social- que parecieran estar construidas de algo tan atemporal como el mármol. Harari las llama, en su enorme libro Sapiens, algo así como mitos interdependientes.

Harari da ejemplos serios de ficciones de mármol, como la agricultura, por ejemplo, que cogió tanta fuerza que en pocas generaciones el homo sapiens olvidó que existía una alternativa (a pesar de que, escribe Harari, nada trajo tanta miseria para el individuo como la agricultura y las enfermedades y escasez que la acompañaron). Se convirtió, en otras palabras, en una ficción de mármol. Mantenía la naturaleza gaseosa de toda idea, pero bajo una fachada inamovible y con vocación de permanencia (como el mármol).

Yo pongo ejemplos menos serios, como Oprah. ¿Alguna vez le han echado cabeza a Oprah? No sé ustedes pero para mí Oprah más que una señora es una institución. Aunque no ha muerto, en mi mente ya ha ganado condición de mito. La tomamos por sentado y nos queda difícil verla como un ser humano (aunque este podcast hace una buena tarea en ese sentido).

¡Qué difícil es percibir las ficciones de mármol! Pero, al mismo tiempo, qué tan importante. Por ejemplo ese otro mito interdependiente que pareciera existir desde siempre, pero que al parecer es una teoría de Milton Friedman que apenas empezó a coger fuerza en los 80’s: que la razón de ser de las empresas es generar utilidad a sus accionistas. Increible cuando uno piensa que se trata de solo una idea, ¿no? La naturaleza de las ideas puede que sea gaseosa, sí, pero sus efectos son reales. Tan reales como Oprah.

Otro mito interdependiente que me parece fascinante es el que llamo la trampa del crecimiento. No hay que esforzarse mucho para verlo representado. Basta con mirar al amigo emprendedor. “No es que tenemos que vender más” o “la empresa no está creciendo lo suficiente”… y les pregunta uno ¿y por qué tiene que crecer? y se sorprenden. O peor, se indignan. Como si el crecimiento de la empresa no admitiera pregunta. Como si fuera un asunto apodíctico.

¿Por qué no te podes concentrar en consolidar los procesos de tu empresa en vez de estar obsesionado con tener más clientes/más insumos/más ganancia/más empleados? Ni idea. Así es el mundo de los negocios. ¿Será que sí es así? Sé que en algunos casos sí es así. En unos casos la expansión de la empresa es necesaria para evitar que se quiebre (si algún economista está leyendo esto me encantaría que me escribiera explicándome bien esta idea) en otros casos es necesario para que la competencia no lo asfixie. Pero hay otros casos en los que no hay razón aparente más allá de la fuerza de las ideas.

De la fuerza, para hablar en el lenguaje de este blog, de las ficciones de mármol.

Idea que provocó la reflexión:


Nuestra visión de los negocios – de hecho, nuestro concepto entero de lo que un negocio es – ha sido moldeado, hasta un punto extraordinario, por las compañías públicas [las que más prensa reciben], que en realidad solo suman un pequeño porcentaje de la enorme población de los negocios.

Bo Burlingham, Small Giants

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