Category: Comportamiento humano

Tan básicos

Por más cultivados y educados, seguimos siendo tan básicos.

Basta con el más insignificante de los estímulos para hacer eso que prometimos nunca más hacer. En ese sentido sí que queda difícil argumentar que no somos apenas una especie más.

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Agendas que se impregnan

Subvertir automatismos. Ese es el gran reto que tenemos. En otras palabras, cambiar.

Tenemos cierta idea de qué son esas cosas que no deberíamos estar haciendo. El problema es lo difícil que es dejar de hacerlas.

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Nostalgia de futuro

Ese es el problema, ¿no les parece? Esa tendencia de generar un futuro parecido al presente que conocemos, solo que un poquito mejor. ‘Envidearse’ le dicen unos. Otros lo llaman ‘empelicularse’. Es justamente eso: armar una película en cuestión de segundos. Proyectarla en la conciencia e ilusionarse con ella.

Si lo pensamos bien, la mente es tremenda productora de cine. Ella misma hace el casting, dirige las escenas, se asegura de darle la iluminación precisa, escoger la música, y todo lo que haga falta. Hace todo el trabajo y lo hace en cuestión de segundos. ¡No es sorpresa que nos enamoremos de ese futuro fabricado al instante!

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El abrazo de la dificultad

Estanislao Zuleta escribió sobre el elogio de la dificultad: la necesaria búsqueda del esfuerzo y la adversidad. Es vital preferir lo retador por encima de lo fácil. La alternativa es perseguir los paraísos terrenales que tanto han tentado al ser humano y que tuvieron sus ‘quince minutos de fama’ durante todo el siglo XX. Ya sabemos en qué termina tanta utopía: en regímenes asesinos; en ismos que siempre se traducen en abismos: comunismo, nazismo, maoismo.

Para evitar baños de sangre -esta es mi interpretación de la tesis de Estanislao- cambiemos como individuos y dejemos de desear los paraísos en tierra -la hamaca en las Bahamas- y dediquémonos a edificar nuestro destino a través de la aceptación valerosa de la dificultad.

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Una generación perdida en el presente

Es difícil orientarse hoy en día. Claro que eso ha sido cierto durante los últimos cien años. Es el precio que hemos pagado por nuestra libertad. Nos complicamos la vida, diría Alejandro Gaviria. Surgimos de entre los confinamientos de la religión y ahora estamos confundidos. No sabemos para dónde coger ni qué hace que la vida valga la pena.

La palabra de moda durante un buen tiempo ha sido crisis existencial y parece que todo está puesto para que así sea. Los que siguen encontrando sentido en la religión se sienten inadecuados en una sociedad cuyas dinámicas y luchas no corresponden con los dogmas que intentan seguir. Es más, en algunos casos la misma persona que lucha por causas modernas es, a su vez, treméndamente religiosa. El conflicto interno que le genera el choque entre los llamados de su causa y sus creencias religiosas no hace falta adivinarlo, es evidente ante nuestros ojos.

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