No es humo

Por Andrés Acevedo N.

Nostalgia de futuro

Ese es el problema, ¿no les parece? Esa tendencia de generar un futuro parecido al presente que conocemos, solo que un poquito mejor. ‘Envidearse’ le dicen unos. Otros lo llaman ‘empelicularse’. Es justamente eso: armar una película en cuestión de segundos. Proyectarla en la conciencia e ilusionarse con ella.

Si lo pensamos bien, la mente es tremenda productora de cine. Ella misma hace el casting, dirige las escenas, se asegura de darle la iluminación precisa, escoger la música, y todo lo que haga falta. Hace todo el trabajo y lo hace en cuestión de segundos. ¡No es sorpresa que nos enamoremos de ese futuro fabricado al instante!

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Problemacentrismo

No he encontrado un concepto más importante que el de enfocarse en problemas. Podríamos llamarlo problemacentrismo. Se trata del desecho de las ideas como generadoras de proyectos. O, por lo menos, como sus principales generadoras.

El problemacentrismo le llama la atención a ese aspirante de emprendedor que está tirado en el sofá, escuchando música mística para inspirarse y encontrar esa idea de negocio que le cambie la vida. Esa no es la ruta, dice el problemacentrismo y lo confirman la mayoría de emprendedores exitosos. La ruta es enfocarse en problemas por resolver. Esa es la manera de agregar valor en una economía: encontrar qué no está resuelto, qué está mal resuelto, qué problema existe y ni siquiera lo sabemos.

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Sobre lanzamientos de proyectos

Hace un par de días lanzamos un nuevo podcast/show. Le hicimos cierta campaña de expectativa pero no fue mayor cosa. Recibimos algunas críticas de amigos que percibieron un lanzamiento descuidado con una comunicación no del todo clara. Tendrán razón probablemente en algunas de esas observaciones, pero no quiero escribir sobre esas particularidades. Me interesa más la idea de lanzamiento y lo aterradora que parece.

Aunque parece definitivo, en mi experiencia el lanzamiento termina por convertirse en nada más que un recuerdo lejano, un evento insignificante para el éxito del proyecto.

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El abrazo de la dificultad

Estanislao Zuleta escribió sobre el elogio de la dificultad: la necesaria búsqueda del esfuerzo y la adversidad. Es vital preferir lo retador por encima de lo fácil. La alternativa es perseguir los paraísos terrenales que tanto han tentado al ser humano y que tuvieron sus ‘quince minutos de fama’ durante todo el siglo XX. Ya sabemos en qué termina tanta utopía: en regímenes asesinos; en ismos que siempre se traducen en abismos: comunismo, nazismo, maoismo.

Para evitar baños de sangre -esta es mi interpretación de la tesis de Estanislao- cambiemos como individuos y dejemos de desear los paraísos en tierra -la hamaca en las Bahamas- y dediquémonos a edificar nuestro destino a través de la aceptación valerosa de la dificultad.

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De haber sabido

De haber sabido el significado de la palabra ensayo, probablemente le habría encontrado la gracia.

Y es que cuando la profesora decía, “Tienen hasta el lunes para entregarme un ensayo sobre la historia política de Colombia”, nadie quedaba motivado. Menos cuando advertía sobre los requisitos del texto: “Cuatro páginas, en letra Times New Roman 12 y a espacio sencillo”. Que aburrición.

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Los habladores

No existía día más intimidante que el primer día de cualquier semestre en la universidad. Algunos estudiantes rebosaban de energía y parecían estar listos para abarcar toda la materia en esas primeras dos horas. Participaban mucho y decían cosas realmente inteligentes. Parecía que estuvieran viendo esa clase por tercera vez.

Mientras tanto yo, al igual que otros pocos, estaba anonadado. Sumido en la confusión del primer día. Desubicado y algo asustado al ver que mis compañeros me superaban -y por mucho- en competencia. Emergía del salón con algo de miedo y me preguntaba, si ese era apenas el primer día, cómo sería el nivel de mis compañeros a mitad de semestre.

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La vida a la defensiva

Es apenas natural: en el colegio no importaba lo bueno que eramos en ciencias, sino lo malos que eramos para matemáticas. Crecimos reparando grietas en el tejado, mientras ignorábamos que nuestro jardín tenía el potencial de ser de talla mundial. Pudiendo trabajar en volvernos excepcionales en unas cuantas cosas, nos ocupamos de volvernos aceptables en todo. ¿La consecuencia de eso? Nos volvimos uniforme, estudiantes promedio, pero lo peor de todo: interiorizamos la creencia de que es preferible pasar todas las materias a sobresalir en un par de ellas.

Al sistema educativo lo atacan por todos los frentes, pero si hay uno que encuentro doloroso es este. Nos enseñaron que era mejor tener veinte casas sosas de techo solido a tener un jardín excepcional digno de admirar.

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