No es humo

Por Andrés Acevedo N.

Sobre las ficciones de mármol

Le puse a esta categoría ficciones de mármol para representar esas ideas compartidas que tienen tanta fuerza -y validación social- que parecieran estar construidas de algo tan atemporal como el mármol. Harari las llama, en su enorme libro Sapiens, algo así como mitos interdependientes.

Harari da ejemplos serios de ficciones de mármol, como la agricultura, por ejemplo, que cogió tanta fuerza que en pocas generaciones el homo sapiens olvidó que existía una alternativa (a pesar de que, escribe Harari, nada trajo tanta miseria para el individuo como la agricultura y las enfermedades y escasez que la acompañaron). Se convirtió, en otras palabras, en una ficción de mármol. Mantenía la naturaleza gaseosa de toda idea, pero bajo una fachada inamovible y con vocación de permanencia (como el mármol).

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Huirle a los aplausos

Marco Aurelio, emperador romano y uno de los principales referentes del estoicismo, tenía la práctica de dividir cada cosa a las partes que la componen. Así, por ejemplo, en vez de hablar del rey que toma vino refinado, Marco Aurelio diría algo del estilo de “el compuesto de carne, venas, arterias y nervios que está bebiendo uvas estripadas y descompuestas”.

El ejercicio tenía como fin restarle importancia a las cosas a las que tanta importancia solemos dar. Hoy, por ejemplo, podríamos dejar de ver ese correo que tanto miedo tenemos de mandar como un correo del que depende nuestro futuro (una idea por sí sola absurda) y en cambio pensar en él como unas lineas de texto puestas sobre una pantalla.

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Marketing: ¿de los mismos creadores del dinero fácil?

Pareciera ser así. Basta con ver a los que alquilan yates para tomarse fotos como si fueran los dueños y subirlas a Instagram. En alguna parte leí que, de hecho, hay jets privados ofrecen ese servicio: se sube uno al jet parqueado y mira soñador por la ventana mientras le hacen el photo-shoot. Qué maravilla.

Ese, obviamente, es el extremo de presentar una falsedad como realidad. Pero entre ese y el otro extremo -el de un producto/servicio de verdad que aporte- hay muchos ejemplos de personas y marcas que echan mano de mañas y tácticas (sino engañosas, por lo menos desleales) para vender algo que no sirve/no aporta.

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La dulce condena del creador

Es que le va tan bien que se abruma de todo lo que puede hacer.

Dulce porque comparado con la sensación de estar atascado en la vida todo es dulce.

Condena porque la comprensión de que no se puede hacerlo todo es amarga. Unos lo entienden rápido, otros le invierten un buen tiempo a la prueba y error hasta entenderlo.

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¿Vale la pena guardarse el conocimiento?

Esa no es precisamente la pregunta que se hacen la mayoría de personas que comparten su conocimiento en Internet (creadores de contenido/pedagogos digitales/filósofos de la virtualidad o como los quieran llamar).

Muchos, especialmente los que quieren vivir de hacerlo, se preguntan en cambio: ¿qué tanto conocimiento doy gratis y cuánto reservo para monetizar?

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La principal ventaja en los primeros años de trabajo

Son muchas las historias de ejecutivos exitosos que, al llegar a la cúspide de la pirámide corporativa, se sienten miserables. Por un lado, el despiadado ascenso los dejó sin familia, amigos, salud, y hobbies. Por otro lado, muchos que asumen la ansiada posición de presidentes o gerentes se preguntan por primera vez ¿para qué todo esto?

Viene entonces una crisis. Para unos más fuertes, para otros más leve. Pero en todo caso una crisis que les hace replantear la manera como viven y trabajan. Unos empiezan a meditar, otros optan por retomar las noches de futbol con amigos, y uno que otro reacciona con largas caminatas antes de entrar a la oficina.

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Nuestra hora más hermosa

Los últimos días han sido extraños. Recuerdo hace un par de semanas burlarme de la pandemia junto con mi tío. Exagerados, tildábamos a los que modificaban sus planes por lo que, en el momento (hay que admitirlo), creíamos una gripa grave. Hoy lo sabemos: los que hace unos días eran exagerados y alarmistas son hoy visionarios. Ciudadanos responsables que se aislaron cuando hacerlo parecía un acto descabellado – tan descabellado como esos locos en el 2012 que se enterraron en sus bunkers por la profecía maya sobre el fin del mundo.

Son días raros. Ningún plan sobrevive a los caprichos del virus. Una idea aterradora, en principio. Pero bajo examinación también una idea liberadora. Un regreso forzado a lo esencial. A lo estrictamente necesario. A los libros y a las conversaciones. A la compañía de los pocos esenciales. Esos que, cuando vivíamos en el mundo normal, tomábamos por sentado y hoy agradecemos de tener a nuestro lado. En esas estamos: de regreso al nido. De vuelta al hogar. Y esta vez no nos encerramos para protegernos, como en las guerras, sino para proteger a otros. ¡Qué idea más hermosa!

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